Un alegato andalucista; por Andalucia y sus Pueblos
No hace mucho tiempo. Solo han pasado unos meses desde las últimas Elecciones Generales y Autonómicas. Entonces, los grandes sabios de este país, doctos de la política y del “conchaveo”, se vanagloriaban de la mayoría del PSOE en Andalucía y del claro bipartidismo generado (y pretendido) a nivel nacional.
Claro que, de planes, como la lechera; hasta donde quieras. Las victorias son más tristes si no las disfrutas y el pretendido éxito bipartidista en nuestro país, más que una victoria, es un espectáculo patético; al menos para los andaluces que vemos cómo otros se llevan el gato al agua (el gato de los presupuestos y de los millones, aunque no se sepa de dónde van a salir).
En aquellas fechas, primavera de este año, sólo algunas voces, pues siempre hay alguien que no se calla, se atrevieron a decir que nos habíamos equivocado. Y nos habíamos equivocado todos, incluidos los votantes del PSOE y del PP. Y no por su voto (que es muy respetable), sino por las consecuencias del mismo: la incomprensible (desde el punto de vista democrático) pretensión de anular a los nacionalismos, se vuelve en su contra bajo la forma PNV o BNG, aunque bien podrían ser otros. Y es que aquellas comunidades, con inteligencia política suficiente como para poner a algún representante en Madrid, iban a tener más poder del que nunca imaginaron. Y lo han hecho, y no sólo los catalanes con sus partidas blindadas del Estatuto, también lo han hecho los vascos y los gallegos… ¿Y los andaluces? ¿Dónde está Andalucía?
El que subscribe piensa que lamentarse de los hechos no conduce a ninguna parte. Pero también piensa que abriendo y mostrando su dolor (mi orgullo andaluz anda herido) algunos y algunas empezarán a pensar que su voto sí es importante; importantísimo, sobre todo si vota a un partido andalucista. ¿Hace falta que explique el porqué? Para que no decidan otros, para que esta vez, la primera, no sea en la frente.
Alguien dijo que se le había quedado “cara de tonto” tras los últimos resultados electorales; quizás como intuición o presunción de lo que iba a ocurrir el primer debate, en la primera lid: los presupuestos. Los nacionalistas minoritarios, eso sí, han levantado el dedito, y como uno más uno, en matemáticas son dos, pues doscientos milloncetes para sus comunidades… Yo me pregunto. ¿Cuántos diputados nacionalistas andaluces podríamos tener en Madrid? A lo mejor, siguiendo las mismas cuentas del dos más dos, salen veintidós… En fin, dejémoslo en el aire; lo que no pudo ser no fue, y además, es imposible; por lo menos en esta ocasión. Depende de nosotros que en otra no sea tan imposible.
Que yo sepa, Euskadi y Galicia no están peor que Andalucía en los ámbitos social y económico, ni en otros. Sin embargo a nuestro Estatuto se le regatea y dribla en los encuentros con el gobierno (claro son reuniones de colegas), mientras que a vascos y gallegos no se les puede esquivar: están en el Congreso. En fin, juzguen ustedes, la inteligencia política no es algo que se tiene por otorgamiento; la inteligencia (política y otras también) es algo que se demuestra en la acción.
Personalmente, dado el carisma político que está tomando nuestro país, no es que me queda mucha fe en los políticos; pero la poca que me queda la voy a dejar (de momento) para mis opciones andalucistas. Por aquello de que no sé lo que habríamos hecho, pero si al menos hubiésemos estado…
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