Un alegato andalucista; por Andalucia y sus Pueblos
Más Dinero, Papá
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orren tiempos en los que el ritmo de vida no te deja tiempo para pensar. Para pensar y analizar la mayoría de las cosas que ocurren a tu alrededor. Es como si tuviéramos que encajar los acontecimientos del día a día sin otra preocupación que la de aceptarlos o rechazarlos; no cabe el procesamiento racional y lógico de la asimilación.
Tengo la impresión, a veces, de que alguien o algo (autoridades, gobiernos), tuviesen puesto un dosificador de vida e ideas y que, a través de los medios de comunicación y del devenir propio de los acontecimientos, fuesen soltando puffs intermitentes de problemáticas y de sus posible soluciones “a medias” y mediatizadas.
Sin ir más lejos, en nuestras barriadas y ayuntamientos se “parchean” los problemas sin llegar nunca a verdaderas soluciones; estos se posponen, dándoles tiempo para que aparezcan con más fuerza y virulencia: accesos, infraestructura hotelera, recursos sostenibles, empleo estable, etc. Siempre se está hablando de ellos y nunca llegan a cuajarse. ¿Dónde está el dinero que se destina para hacer lo que se dice y que luego no se hace? ¿Conocen aquel que se gastó el dinero en lino y resultó que al final no tenía ni dinero ni lino? Pues por ahí van los hilos, en gastar. Como nos lo dan hay que gastarlo, eso sí todo muy justificado (menos el en qué).
Dentro de la dinámica general del parcheo, de la política del cuentagotas y de las verdades a medias, están las actuaciones de nuestros gobiernos centrales: el de esta nación nuestra (la que ahora queremos redefinir) y el de nuestro país (ése que no sabe a quien contentar). Así, a nivel de estado, no saben si les preocupa más Europa y lo que puedan pensar de nosotros o las distintas nacionalidades internas con la consiguiente configuración que pueda resultar; ahora resulta que estamos haciendo el “comparsa” por la UE, actuando de forma complaciente, y todo por el “un poco de dinero más, por favor”. ¿Será posible? Quién nos iba a decir que a esta altura de los tiempos, España estaría limosneando por las instituciones europeas; antes de empezar a andar, ya estamos corriendo para no ser los últimos.
Si nos quedamos un poquito más cerca, en lo que consideramos nuestra tierra, Andalucía... ¿Alguien quiere explicarlo? Porque yo ya no sé lo que es España para Andalucía ni lo que es Andalucía para España. Parece ser que lo que ahora interesa es que nos peleemos con el resto de nacionalidades y estamos ejecutando los deseos de Madrid a la perfección; jugando a ser políticos fuertes y temiendo que nos castiguen recortándonos el dinero...¡vaya forma de hacer valer un Estatuto!
En términos antropológicos, el ser humano no comienza a andar hasta que no se siente seguro de sí mismo, de su equilibrio y control corporales. Pues bien, el gobierno de Andalucía creo que no ha tenido esta sensación en 25 años. Siempre temeroso y necesitado del centralismo, no ha aprendido a caminar solo todavía. Y claro, como no sabe actuar solo, por iniciativa propia, ahora intenta reproducir los esquemas aprendidos... las subvenciones; subvencionar hasta el infinito intentando congraciarse con el pueblo andaluz y que éste, claro está, a su vez le vote.
Un ejemplo de esas, tan necesarias como desafortunadas, subvenciones es la última campaña de gratuidad para los libros de enseñanza; un sistema híbrido entre beca, cheque-libro y fondo bibliográfico escolar, con el que se traslada el problema a los centros educativos. Estos se verán obligados a elegir libros de texto pertenecientes a editoriales que presenten ofertas competitivas, no aquellos que consideren más idóneos.
Serán textos de las “grandes” editoriales, ninguna de Andalucía, con lo que los contenidos de “cultura andaluza” solo aparecerán en el sello de texto aprobado por la Junta, que por cierto, debería revisar el seguimiento que hace de los mismos.
A todo esto, la Junta de Andalucía reparte un díptico entre los escolares diciéndoles: “hijos míos, vuestra familia tiene un buen plan”, el Plan de Apoyo a las Familias Andaluzas. Gracias, señor shaves, pero no nos venda la burra. Déjenos a nosotros, las familias andaluzas, que decidamos si tenemos un buen plan o no. No nos lo diga a través de nuestros hijos, que ellos todavía no votan y por ley está prohibido realizar propaganda política entre los escolares.
Ustedes limítense a conseguir más subvenciones. Lo de pensar en el futuro de Andalucía, eso ya lo harán otros que bien nos quieren y nos aprecian. Los andalusitos de a pie, sólo tenemos que decir “más dinero, papá shaves”, que nosotros -casi seguro- le seguiremos votando. (Este escrito fue redactado en abril de 2006)