Un Blog para cada Ciudadano

Educando a Petra

La Educación de Finifú y Finifá

Los Males de la Educacion (II)

04/03/2009

 

L

a familia no es solo la familia; en ella se deben considerar incluidos todos los contenidos sociales de la educación: la televisión, Internet, los juegos y aplicaciones informáticas, la calle y la conciencia de utilizad o de necesidad de los aprendizajes. Así que al referirnos a la familia, o a lo que queda de ella, no podemos circunscribirnos a la perspectiva educativa sino a una perspectiva vital, de futuro, inexistente en la mayoría de los casos.

            La relación o convivencia, en los centros educativos, entre docentes y alumnos debe de ser educativa y la administración debe garantizarla, aportando los medios y el marco posibilitador, NO “cargándose” al mensajero, como parece pretender últimamente.

            La administración debe favorecer y posibilitar que la sociedad vea reflejadas sus exigencias y aspiraciones en la educación que reciben sus hijos. El sistema educativo no está hecho para vanagloria de los políticos y si me apuran, tampoco está hecho para lucimiento de los tecnócratas. La tendencia a adoptar medidas de urgencia, parcheos y cambios sumativos, tan de moda en las últimas dos décadas, han dado al traste con la labor de continuidad y perseverancia que caracteriza al proceso educativo; éste no es reto para un día, ni para un ejercicio, sino para veinte años, casi toda una vida.

            Surgen, ahora, los interrogantes acerca del MAL administrativo en la educación. El primero de ellos es:

¿Qué medidas NO HA tomado la administración?

-         No ha desarrollado el Estatuto del Docente a lo largo de tantos años; quizás no le haya interesado.

-         No ha equiparado las Obligaciones y Deberes de las familias y de los alumnos con los Derechos proclamados. Ha confundido a la ciudadanía.

-         No se ha preocupado por la Promoción Profesional de los docentes. Lo que ha provocado mucha desmotivación, si le añadimos circunstancias como falta de autoridad, sobrecarga de trabajo, diversidad, etc.

-         No ha regulado de forma explícita la Autoridad del docente; solo un protocolo que angustia más que la propia situación de indefensión.

-         No ha desarrollado medidas que potencien y realcen la consideración social del docente.

El segundo interrogante es: ¿Qué es lo que SÍ ha hecho y mal?

-         Ha proclamado un Plan de Calidad disfrazado de incentivo, que ni una cosa ni la otra: suena como que paga para… Porque hay que preguntarse, ¿Qué lo que paga?

-         Realiza una variación del calendario escolar (por decreto), cuando media Andalucía celebra el 8 de Septiembre (Natividad de la Virgen) Feria y Fiestas Patronales, lo que supone dos o más días festivos locales. ¿Qué es lo que de verdad pretende la administración educativa andaluza?

-         Trasladar el debate social, económico y político de los despachos y las calles a las aulas, por imposición o por decreto, sin contar, consultar o preguntar a los protagonistas.

            Probablemente, para el curso que viene tengamos un adelanto de la jornada escolar, tan caprichosa como inútil, y una vuelta al debate en los centros sobre jornada intensiva o partida. ¿Realmente alguien piensa, a estas alturas de la vida, que esos son los problemas de la educación o del rendimiento académico de nuestros alumnos? Realmente, yo creo que “males “en la educación los hay, pero como todas las soluciones que lleguen sean como ésta, ¡apañados estamos!

            Mientras tanto, yo seguiré sin poder corregir malas actitudes en mis alumnos, con miedo a que me hagan algo, preocupado por cómo me miran socialmente y languideciendo; lentamente, contemplando el ocaso educativo, ante el fracaso de una reforma tras otra.

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2009/03/04/los-males-de-la-educacion-ii-/
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Los Males de la Educación (I)

23/02/2009

S

e trata del término “mal”, del latín “male”, que en su forma adverbial, indica: contrariamente a lo que es debido, sin razón, imperfecta o desacertadamente, de mala manera”. Si esta casuística se repite, en la misma forma o por acumulación, complicando las cosas, aparece la expresión de “mal en peor”. Pero la sabiduría popular, ajena a la normativa pseudo académica o lingüística, a este cúmulo de desatinos les denomina “males”. Y la sabiduría popular tiene toda la razón del mundo; realmente es el plural de mal, uno más de entre otros.

            Y es que, en el estado de la educación, el error no es uno, sino que ya sea por omisión, por desconocimiento, desatino u obstinación, los errores se van concatenando; son errores referidos a la instrumentalización, al desarrollo de los contenidos mínimos, al marco legislativo, al administrativo y al clima social que la juzga.

            En la enseñanza, el trinomio familia, centro educativo y administración debe ser perfectos. Dentro de los centros educativos, otra terna formada por docentes, alumnos y el acto educativo resultante, también debe ser lo más perfecta posible. En los últimos tiempos, las distintas administraciones, en su intento de hacer políticas en los centros educativos, la han pifiado (la han cagado, dicho en registros lingüísticos más actuales, que no más válidos). En el saber popular, bastante sabio por cierto, cuando hay dos nunca puedes contentar a uno, porque entonces el otro se considera lesionado. Y eso ha ocurrido en las distintas pseudo reformas político-educativas, con las que se ha querido buscar el voto potencial de determinados sectores, por un lado, y queriendo presumir con las cifras, pero no con el trabajo que se lleva a cabo, por el otro. Es a partir de aquí, donde se van produciendo los errores o males: si no valoramos el esfuerzo y el valor dignificante del trabajo, todos los epítetos o remiendos que le pongamos a cualquier actividad, sobran. En la educación también y la situación general es de descontento, a saber:

            Los maestros y profesores se quejan de que las familias no intervienen en la educación de sus hijos, de que no les inculcan el valor del trabajo, ni las mínimas actitudes de respeto hacia los docentes.

            Los padres y madres se quejan de que, en los centros, sus hijos no aprenden porque los profesores o maestros no les enseñan.

             Los alumnos y alumnas, se aburren en una escolaridad tan inútil como tediosa: los que quieren trabajar porque nunca ven el momento de avanzar y los que no quieren, porque aquello se hace eterno, para nada.

            Y la administración, empeñada en elaborar estudios de indicadores y en crear observatorios y agencias para toda índole de problemáticas, burocratizando el trabajo docente y recogiendo -hacinando- niños de una sociedad, que se le escapa de las manos, se ha propuesto buscar un culpable a la situación actual. ¿Los docentes?

            Son ya diversos los profesionales y estudiosos de la educación, que han alertado de la sutil estrategia política en la enseñanza pública: la administración está engañando a las familias, ofreciéndoles horas de estancia en los centros públicos para sus hijos, guardería de por vida, libros gratis que impiden que los niños ejecuten las más elementales técnicas de estudio y atenciones diversas. Los centros educativos se están guetizando, en una función más asistencial que educativa y los docentes, más solos que nunca, en franca retirada vocacional, ninguneados por la administración y la sociedad.     /...

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2009/02/23/los-males-de-la-educacion-i-/
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La Sonrisa Robada

12/11/2008

Mientras la sociedad camina, sin saber exactamente hacia donde, los ciudadanos y ciudadanas anónimos nos debatimos entre nuestras creencias o expectativas y el futuro que se nos ofrece.

 

É

rase una vez una sociedad pensada para ser feliz. Todo parecía estar bajo control; únicamente el cambio climático y la sostenibilidad (entiéndase, los recursos naturales) parecían enturbiar el halagüeño panorama de futuro. Hasta le habíamos puesto nombre; la sociedad del bienestar, querían llamarla. En resumidas cuentas, una sociedad feliz que, lamentablemente, no lo es.

            Este comienzo no debería tener mayor importancia, pues evidentemente el estado actual de nuestra sociedad es de frustración. Pero he aquí que la frase estaba escrita desde finales de 1999; es decir, prácticamente diez años antes. Lo que ha pasado es que el autor creía que era una visión personal, pesimista y agorera, fatalista y descontextualizada y que si la decía, se iban a reír de él. Así que se quedó apuntada, como nota en la agenda de un viejo móvil, que hoy se ha puesto a cargar para recuperar algunas direcciones.

            Quizás la caída de los valores, el acomodamiento económico o el nuevo existencialismo, cultural y cibernético, sean los desencadenantes del pensamiento que guía este escrito. No lo sé. La persona tiende a conocer todo cuanto abarca y después, a controlarlo; esta tendencia natural de dominio está condenada al fracaso, por imposible. Y yo no quiero caer en el error del poder; el poder tiene un componente autodestructivo que lleva a la persona a un estado continuo de insatisfacción. Yo soy un andalusito de a pie, que trabaja y come, que intenta dormir y que intenta pagar, además de pelearse diariamente con su mujer e hijos, para reconciliarse al momento siguiente. El control y el poder absolutos son pues, imposibles y además, desaconsejables. Yo solo quiero vivir, que ya es bastante. Pero decíamos que la sociedad había perdido la sonrisa. ¿Por qué?

            En el ámbito doméstico, el trabajo, la necesidad de generar ingresos cada vez más altos, ha destruido el modelo familiar convencional. Eso no es malo ni es bueno, y aunque habría más cosas que discutir, es lo que tenemos. ¿Lo que queremos, o no?

            Las relaciones humanas y personales en la actualidad, no se fundamentan en normas (sociales o culturales, como deberían de ser), sino en apetitos; hemos cambiado el “tengo que…” por el “quiero que…”.

            Buscando la libertad, en su sentido extremo, hemos creado la mayor de las ataduras conocidas por el hombre: la droga, el tráfico de personas, los abusos mercantiles, los malos tratos, la violencia… Se nos ha olvidado que la libertad no es satisfactoria en sí, sino que sólo es válida cuando puede ejercerse. Hemos manejado un concepto abstracto de libertad que sólo sirve para perder al individuo, para desorientarlo. Llega un momento en el que el individuo, hombre o mujer, se ha perdido el respeto a sí mismo y claro: si yo no me respeto ni a mí mismo, ¿cómo voy a respetar a los demás?

            La aceptación del foráneo, del extranjero, del “otro”, no ha sido reflexiva, ni gradual, ni pactada, sino impuesta por los gobernantes y las modas culturales imperantes: mercado de consumo, medios comunicación y ong,s en su mayoría, que se han movido a base de subvenciones y por dinero, no por ideales. A nadie se le ha preguntado, lo que ha creado una contradicción flagrante en la sociedad: yo estoy obligado a ser bueno, pero nadie obliga al otro. La sociedad que hemos construido, queriendo hacerla buena, la hemos hecho hipócrita y nociva, violenta… algo así como el criador de cuervos.

            La tenencia material de objetos y bienes, algo que se ha vendido como progreso o bienestar, no rellena el vacío personal, ni la angustia de vivir… ¿Dónde está la sonrisa?

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/11/12/la-sonrisa-robada/
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Funcionario, ¿el fin de la Odisea?

11/09/2008

 

 

U

no no hace más que preguntarse; la verdad es que cada día que pasa me hago más preguntas. ¿Qué significa la palabra apto? Podría significar que una persona vale, que suple la mayoría de las exigencias conforme a un determinado perfil. Esto que parece tan simple, una ponderación satisfactoria entre exigencias y aptitudes, se complica cuando el individuo intenta acceder a un puesto en la administración como funcionario docente.

Entiéndase que, cuando en una carrera profesional hay cambio de perfil, es decir, de puesto de trabajo o desempeño de funciones, la valoración y/o evaluación es lógica y necesaria.  Lo que no se entiende -o al menos el que subscribe no lo ve tan claro- es la fiebre que parece haber entrado en la administración por calificarlo y catalogarlo todo; sin cuestionarse antes si es necesario, si procede o si entra en contradicciones en su aplicación.

Este es el caso que está ocurriendo con los docentes de la Consejería de Educación (Primaria, Secundaria y Especialistas) en prácticas. Una vez superado el Concurso-oposición, por si fuera poco, se ven obligados a superar un período de prácticas, algo tan normal como, en muchos casos, innecesario. Se supone que con a superación del concurso has demostrado que sabes y que estás preparado/a para la responsabilidad que vas a ejercer, pues las pruebas que has superado así lo exigen. Sin embargo, no es así y te quedan unos cuantos periplos más: pelotearle al director, compadrear con tu tutor, servilear ante el inspector de turno o la comisión pertinente y pulsear con los trozos de memoria e informes que hayan caído en tu poder. Esto último lo cito por las reiteradas exigencias teóricas, que no tienen nada que ver con tu trabajo ni con el aula; al menos, en las coordenadas actuales: centro educativo- alumno-sociedad.

A riesgo de caer en la nostalgia, a algunos les queda la satisfacción de que se les evaluaba ante un grupo de alumnos y no por unos papeles o por llevarse bien con tal o con cual. También puede ser ilustrativa la experiencia que, poco después, tuvimos algunos otros: los cursos de cultura andaluza. Estos al menos eran preparatorios y no excluyentes, como ocurre ahora con el caso del “no apto”. Pero, en resumidas, cuentas el tema es: ¿procede o no procede una nueva valoración profesional del opositor tras haber aprobado las oposiciones? En este sentido cabría señalar algunas contradicciones:

Primera contradicción: al opositar demuestras tu preparación, tus conocimientos y dominio del temario al mismo tiempo que tu formación académica garantiza tu valía y solidez profesional. Tanto es así que apruebas el concurso-oposición frente a innumerables rivales; pero si el periodo de prácticas no es satisfactorio… puedes ser declarado no apto. ¿Qué pasa entonces? ¿Qué ha fallado de un tiempo para otro, el proceso de selección o el nuevo trámite de evaluación?

Segunda contradicción: En la actualidad existen gran cantidad de interinos de larga duración, tanto en primaria como en secundaria; unos ha aprobado las oposiciones y otros las aprobarán en breve- enhorabuena a ambos. Pero estos recién estrenados funcionarios llevaban años siendo aptos para la administración educativa, pues los contrataba curso tras curso. Resulta que ahora, cuando por fina han aprobado las oposiciones, ¿ya no son aptos o tienen que demostrarlo de nuevo?

Tercera contradicción o conveniencia: Desde el punto de vista del trabajador docente, sería más lógico que las exigencias o requisitos -los que fueran- se estableciesen de forma previa y no a posteriori.

Cuarta contradicción o crítica: el coste de la evaluación en el periodo de prácticas, para la administración educativa, es sangrante. Y no ya solo por las dietas o desplazamientos de las comisiones y evaluadores, sino por la alteración del normal desarrollo laboral a todos los niveles. Existen  incontables pérdidas de horas y la angustia que provoca, que hace que el docente no pueda centrarse en su trabajo,  estará todo un curso pendiente de otra evaluación.

Hay que pensar que, desde la propia ley de acceso a la función pública o desde el estatuto del funcionariado, deberían revisarse algunos aspectos. El actual sistema supone la concatenación de pruebas reiterativas y, como se has dicho anteriormente, en algunos casos contradictorias: sirva como ejemplo el caso del interino o interina con varios años de servicio; debe de volver a demostrar que sirve para el trabajo que viene desempeñando. ¿Y si suspende?

Pongámonos en el caso. Un mal informe provocado por diferencias personales o malentendidos. ¿Quiere decir que hasta entonces la administración ha estado contratando a un inútil? O quizás, y esto es más grave, ¿hay que pensar que la administración es tan magnánima, que todos valemos para todo hasta que no le toquemos las narices a nadie? Un poco de seriedad y congruencia, por favor. Que la administración ponga todas las trabas que pueda y deba para el acceso; al fin y al cabo es un proceso selectivo. Pero en el ejercicio de la labor docente, el reciclaje y actualización se llama formación. En todas las empresas ocurre así. ¿En la administración, no?

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¿Hacia dónde va la educación?

15/04/2008

Cuando el ruido cesa.

Existe una teoría, más bien una actitud ante la vida, por la cual aquello que no ves, que no tocas o que no oyes, no te afecta y por lo tanto, no te importa. En un sentido bidireccional, todas esas realidades que no percibes, no existen. Supone una curiosa forma de construcción parcial de la realidad, a través de individualidades.
Ni que decir tiene que es una forma sesgada, unitaria y no global, sin perspectiva; pero tremendamente útil a nivel individual: vives aislado, encapsulado y no sufres. Evidentemente, los problemas, las deficiencias y los conflictos permanecen ahogados, aletargados y latentes, pero a ti no te llegan.
En el capítulo de las relaciones humanas, la actitud descrita anteriormente, estaría bien. Somos muchos para interactuar de una forma ordenada, sería imposible controlar la totalidad de influjos e intentar darles respuesta. Mejor se queda uno como está. Ahora bien, a la hora de afrontar o iniciar relaciones, respecto de la administración, la educación o de la política. ¿Qué decisión toma el individuo?
En un principio, desde la perspectiva de la acción personal, el ciudadano puede demandar respuestas a nivel individual, grupal y social. Pero desde la otra perspectiva, la política o administrativa, las respuestas o decisiones se tomarán en función del ruido que se haga; si te callas, no existe el problema. Si no sonamos, para administración, es como si no existiésemos.
El término medio consiste en esperar a que las cosas vengan rodadas. En este caso no hay intención ni acción; los éxitos o los fracasos no son atribuibles y, en el juicio o balance global, no se ha hecho nada. Ocurre, entonces, que las cosas y las situaciones son así porque son y mejor no tocarlas. En muchos casos sería mejor así: una separación aséptica entre los problemas y las circunstancias y las intenciones o manejos políticos y administrativos.
En ambos casos, el divorcio entre administración y ciudadano, entre política y sociedad, evidente. A cada día que pasa se agiganta la grieta referencial entre los problemas y las soluciones aportadas.
Al sistema educativo en España se le han adjudicado muchas responsabilidades, demasiadas responsabilidades. Es como si la sociedad actual, frustrada y cambiante, proyectase su inconformismo, su desconcierto y su vacío existencial sobre la educación. Cuando se utilizan mal los datos, se analiza de forma alevosa los indicadores o se especula con fórmulas estadísticas, se está tergiversando la realidad. La consecuencia directa es que se están vertiendo juicios e interpretaciones erróneas sobre la realidad educativa, sobre la familia, sobre el alumno, sobre el docente y sobre su trabajo… Todo ello, ¿a cambio de qué?
Imaginemos que la administración culpa al docente de un hipotético disfuncionamiento del sistema educativo. ¿Se imaginan vds. La ilusión y motivación con la que ese profesional acude al día siguiente a su centro de trabajo? Yo sí. Ninguna; acude por obligación, porque es su trabajo. Eso sí, sin una pizca de conciencia de estar realizándose profesional o laboralmente. Ni que decir tiene que ninguna esperanza en que su labor algún día sea reconocida. No se puede pedir vocación a base de palos (entiéndase, en sentido figurado, palos morales).
Hagámonos otro planteamiento y pongámonos en la otra parte: el valor social de la educación. El modelo social, en nuestro país, por hablar de un referente territorial, no nos viene dado; se está configurando. Luego en nuestros centros educativos, no se puede preparar o formar para vivir en un modelo inexistente. Sirvan de ejemplo los modelos transversales de la educación para la salud y el consumo y la propia asignatura de educación para la ciudadanía. En ambos casos, los planteamientos curriculares, el propio discurso en sí, pierde vigencia antes de llegar a los centros educativos. Y esto ocurre no porque estén caducos o no sirvan, sino porque no se corresponden con un modelo o referente en la calle. En la calle, la sociedad en general, los medios de comunicación, el modelo familiar y el propio individuo, caminan por separado. Otra brecha; ésta vez entre sociedad y escuela.
La administración persigue el análisis de indicadores, que diagnostiquen, hasta qué punto el individuo está preparado para la vida (criterio aptitudinal). En los centros educativos, por contra, se trabaja desde la base de que lo importantes es formarse para la vida (criterio actitudinal). Ambos puntos de vista, que no tienen por qué ser excluyentes, desembocan en resultados o realidades dispares; sobre todo porque la demanda social hacia la educación no está definida o es incongruente.
En las últimas tres décadas, la sociedad se ha configurado a golpe de subvenciones, de consumo incontrolado de todo tipo, de éxito rápido y fácil, de turismo de tránsito, de vorágine laboral y de multiculturalidad. Desde estas líneas no se pretende hacer un juicio, ni un posicionamiento, pero la sociedad actual todavía no ha digerido tanto cambio. ¿Pretendemos que el sistema educativo sí?
Juan Gámez Cobo (Tarifa)

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Siempre Habrá una Puerta

23/02/2008

Siempre habrá una puerta

Resulta difícil discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo que conviene y lo que no conviene, sobre todo cuando los acontecimientos te vienen encadenados, sin discontinuidades; todo es dado “por bueno” desde el momento justo en el que ocurre. Es como si las cosas fueran así, porque sí, sin más.
Los seres vivos, en general, nacen, crecen, se reproducen y... Las personas, en particular, no escapan a estas leyes de la vida, sólo que durante todo este transcurso pueden hacérselo más fácil o más difícil; están eligiendo. Esa es la característica irrefutable del hombre: elegir. La elección es la consecuencia más directa en el ejercicio de la más preciada de las potestades humanas, la LIBERTAD.
La libertad primera y básica, aquella que te permite decir NO, la del bebé espléndido en su egocentrismo, la que la sociedad con sus usos y manejos termina por erradicar. La libertad última es la adulta, la que se ejerce de forma consciente. Entre la una y la otra hay todo un camino, un camino lleno de puertas, puertas en las que el derecho y el miedo a equivocarse van juntos. Son puertas abiertas, que te invitan a entrar, puertas que te las abren tus mismos compañeros de viaje, puertas que, en el mejor de los casos no llevan a ninguna parte, y en el peor, no tienen salida: el alcohol, el tabaco, o la cocaína, sólo sirven para querer consumir más y terminan por destruir a la persona que atrapan.
Hay un período o etapa en el ciclo vital del ser humano en el que, tomando como base lo existente, se fraguan o construyen los hábitos e intereses del futuro: la adolescencia. Hablar de ella, no solo es tarea ardua, sino que es imposible; la adolescencia no está hecha para contarla, sino para vivirla. En este sentido, los adolescentes, nuestros niños-hombres y nuestras niñas-mujeres, están cumpliendo a la perfección con el guión de los cometidos vitales: VIVIR.
Pero, ¿cómo viven y hacia dónde van? Alguien dijo que la vida es “lo que te ocurre mientras vives” Vivir y aprender no siempre van unidos. No en este mundo, en el que todo va demasiado deprisa. Ahora le toca al botellón, antes lo fueron las verbenas, los guateques... la movida en general, definitoria de generaciones y épocas.
El botellón no es sino una fórmula o estrategia más para divertirse y relacionarse, para crecer como individuos sociales. He aquí que por, primera vez, el “ya no tan niño/a” tiene el mundo ante él, delante, a su alcance con solo abrir la puerta... ¿todas, unas pocas, una sola? En principio, y por naturaleza, abrirá más de una.
Hasta aquí todo va bien, lo malo viene cuando parece que nuestros adolescentes y jóvenes están avocados a abrir la puerta del alcohol bajo un lema que es tan engañoso como sencillo: “...si no se consume alcohol, no hay diversión.”
Se me cae el alma cuando veo pasar manadas de chicos y chicas pegados a sus bolsas de plástico, pegados a sus botellas; dicen que es más barato pero, ¿es que hay que beber para poder andar? Todos hemos sido niños, adolescentes, jóvenes y... lo que está detrás de la puerta del consumo abusivo de alcohol, mejor me reservo el nombre.
Al dejarnos atrapar por el alcohol, al hacerlo necesario e imprescindible en nuestras vidas, estamos renunciando a la posibilidad de poder elegir, a nuestra libertad más íntima, la de decir NO QUIERO
Algunos y algunas, que ya hemos estado ahí, podemos afirmar que entrar es fácil, solo hay que llamar, a veces ni eso, la puerta estará abierta. Lo grave viene después, cuando quieras salir y te sea difícil encontrarlas, cuando los que entraron contigo no quieran que los abandones, cuando las puertas estén cerradas.
El alcohol es una puerta equivocada, antesala de otras muchas puertas que no llevan a ninguna parte.
Juan Gámez Cobo.

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Tarifa en el Estrecho, Tierra de Nadie"

23/02/2008

Tarifa en el Estrecho; Tierra De Nadie.

Existen circunstancias geográficas que pueden explicar, o por lo menos justificar, el discurrir del tiempo y el desenlace de unos acontecimientos u otros. Esto no supone una derivación lógica e inmediata hacia ningún tipo de determinismo geográfico ni físico; pero sí delimita parte de los factores intervinientes en la consolidación de cualquier idiosincrasia, costumbre, modo de vida y cultura de un pueblo, comarca o nación: Tarifa, El Estrecho, Andalucía.
Si mirando hacia atrás podemos explicarnos de las particularidades (habla, rasgos físicos, actividad económica, producción cultural, etc.), mirando hacia delante, intentando adivinar el futuro, también deberemos tener en cuenta éstas y otras circunstancias particulares, entre ellas la geográfica. ¿Qué futuro nos aguarda?
En el título aparecía Tarifa en el Estrecho, tierra de nadie y habría que añadir: “y de todos”, porque su situación territorial le ha hecho ser encrucijada de gran parte de lo acontecido, de lo que está ocurriendo y de lo que está por llegar. No basta con saber quienes han pasado por aquí, lo que han hecho y lo que nos han dejado; también debemos tener en cuenta a los que están viniendo, vienen y vendrán a este paraíso de paso y el uso político que se le esté dando de cara a la consolidación del futuro.
La influencia cultural, religiosa, lingüística y de costumbres está garantizada. Somos el fruto de nuestros antecesores y seremos la semilla de nuestros sucesores. Esto que suena a frase hecha es la realidad palpable alrededor de nuestro Estrecho de Gibraltar. Si en el pasado el cruce de culturas se producía por motivos políticos, económicos y militares; hoy esta mezcla gana componentes como el turístico, la implantación empresarial y la inmigración.
Si preguntásemos en la calle, por la diferencia entre un pueblo costero y un pueblo de interior, ésta podría estar más o menos clara; el primero está bañado por el mar y el segundo no. Pero si la pregunta fuese establecer la diferencia entre un pueblo de interior y El Estrecho, ¿cuál sería la respuesta?
Ser lugar de paso, lo convierte en punto de mira de todos y de nadie, en lo primero y en lo último en una escala política de intereses. Así podemos observar actuaciones de desarrollo económico cuyas pretensiones sólo duran algunos años; son inversiones y negocios “al paso”; que no crean riqueza en el entorno
En la época actual, con una reivindicación merecida por la cultura del cuerpo, el ejercicio físico y el deporte de inmensas minorías, le concede el calificativo de “aliento de vida” de cara al futuro; pero sólo eso: un soplo. Porque en nuestra comarca, en nuestro pueblo, no se están creando asociaciones ni clubes, ni infraestructuras hoteleras o deportivas que sustente el futuro.
Las energías renovables y no contaminantes... ¿las vemos? Ni siquiera la disfrutamos. Y en cuanto al desarrollo comarcal, no ha supuesto más que las comisiones de los corredores y los ingresos de los que venden o arriendan el terreno; además de la consabida permisividad política que algunos frutos habrá sacado para el municipio. ¿Una mala gestión política?
La conexión con África, a través de las líneas marítimas dura lo que va desde la puesta de sol hasta que canta el gallo, por decir algo. ¿A eso queda reducida una línea marítima?
Grandes obras; díganse carreteras, accesos, logística de suministros y servicios, no se han creado. Y así tenemos turismo sin infraestructura hotelera, molinos sin fabricación ni mantenimiento (y sin luz), puerto sin accesos y algunas otras cosas “sin”.
Esta es nuestra Tarifa y nuestro Estrecho, paradoja de la vida, la comarca más desconectada con el resto de la nación, de la nuestra y de la otra. Curioso, cuando somos hijos de los pueblos que han pasado por aquí y delos que han querido quedarse, que son casi todos. Seguimos siendo tierra de nadie.
Este “aislamiento” geográfico intencionado, no es explicable desde el punto de vista histórico ni político, ya nos lo dieron a entender los ingleses hace unos cuantos siglos; somos más estratégicos y más importantes de lo que pretenden hacernos creer. Parece ser que a nuestros políticos se les han olvidado los errores que cometieron sus predecesores. La importancia geográfica de un lugar viene dada por su situación y la relevancia que pueda tener una determinada zona, depende mucho de la consideración y voluntad política para levantarla. Es aquí donde todos los gobiernos están contribuyendo al gran error; simplemente ignoran Tarifa, ignoran el Estrecho.
Desde las distintas administraciones se está haciendo lo imposible para que el Campo de Gibraltar no levante cabeza, dejándolo navegar “a la deriva”, No se sabe cuanto durará este estado de catalepsia política; quizás para cuando despierten, este estrecho que ahora es de nadie sea ya de todos y, como siempre, será tarde. Y quizás para entonces, los tarifeños, campogibraltareños y andaluces hayamos aprendido a defender lo que nos corresponde y crecer pensando que nadie tiene porqué venir “a salvarnos”; sobre todo los partidos políticos “estatales”, que tan bien lo hacen –a su favor claro-.
Juan Gámez Cobo.

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A debate: educar sin modelo

23/02/2008


A debate: educar sin modelo.
A mí, como ciudadano, que un grupo de venerables obispos venga a decir que el Estado pretende adoctrinar con una asignatura y que por tanto, no debe figurar o es mala, me parece una desfachatez. Una ironía de la vida, o como decía la parábola: ves una paja en el ojo ajeno y no ves una viga en el tuyo. Si alguien, tradicionalmente, ha pretendido aleccionar por antonomasia, ese alguien ha sido la Iglesia. Pero esto no es ningún problema para la sociedad; todos sabemos que la iglesia pretende adoctrinarnos y lo aceptamos o lo dejamos, no hay engaño.
Ahora bien, que el gobierno pretenda lavar sus culpas y tapar la ineficacia de un sistema, institucionalizando una asignatura, como panacea que erradicará otros males, me parece vergonzoso, ridículo y sintomático de falta de ideas o modelos referenciales válidos. El modelo político español, por ende el educativo, no ha conseguido zafarse, en estos treinta años pasados, del decretazo, de intentar arreglar las cosas a aguas pasadas y de parchear.
La condición humana también afecta a los políticos y legisladores: no quiero el pasado, pero me da miedo el futuro; por lo tanto, dejo que las cosas ocurran y después intento arreglarlas. Esta actitud ante la acción, lógica y normal entre todos nosotros, ciudadanos de a pie, no puede ser el eje que vertebre un sistema educativo y los políticos o técnicos de turno, deberían tenerlo en cuenta.
No es de buen talante político asumir los errores; sobre todo porque después de hacerlo, normalmente, te obligan a dimitir. La lógica, entonces, está muy clara: a base de decreto regulador, pretendo enmendar el error. Se comete de nuevo la torpeza de considerar el sistema educativo como un enorme cajón de sastre donde todo tiene cabida: se legisla y se relegisla, añades nuevos contenidos sumativos y dispersos, revuelves y confundes a los profesionales, no dejando títere con cabeza; amén de no posibilitar un modelo o marco de trabajo claro y estable.
No sé si algún pensador se le habrá ocurrido antes -si es así, disculpen mi ignorancia- pero por si acaso, me gustaría decirlo bien claro: la educación debería ser lo único en lo que deberíamos estar de acuerdo todos. El hombre, hoy en día y contra lo que se pueda pensar, no es un ser estrictamente natural; el hombre, en la actualidad, en un ser esencialmente cultural. La cultura y la ciudadanía exigen un ejercicio de libertad; libertad que se ejerce cuando se tiene, a partir de la mayoría de edad. ¿A qué estamos jugando, entonces, con nuestros niños y adolescentes? ¿A brindarles un mundo de adultos, sin configurar y pretender que lo entiendan y acepten de buen grado?
Normalmente, es una técnica muy antigua, cuando queremos ocultar algo, intentamos desviar la atención de los demás hacia otro sitio. En este caso, el Estado (o gobierno, como ahora quieren que se les llame) y otros grupos políticos y sociales dominantes, han centrado la atención en la educación para la ciudadaníaÂ… No sé si serán conscientes de que los problemas son otros y de que hay bastantes más. Tampoco consigo vislumbrar qué es lo que pretender ocultar; pero de lo que sí estoy seguro es de que han dado un paso en falso. Y es que, los profesionales, todavía no tenemos claro cuál es el modelo de ciudadanía que hay que vender, o el que el gobierno quiere que vendamos. ¿Y ustedes?
Juan Gámez Cobo (ANPE-Cádiz).Tarifa

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/02/23/a-debate-educar-sin-modelo/
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La Libertad Perdida

07/10/2007

La Noche Que Llega Al día; El Día Que Viene De La Noche.

No es una frase sacada de ninguna novela romántica, si no la crónica angustiosa de un día cualquiera en el estío andaluz. Del Turismo de Calidad, estamos pasando al Turismo o Noctambulismo del Miedo.
¡Viva la LIBERTAD! Pero, ¿dónde está MI libertad?
La libertad, considerada en su dimensión más física, material y social, está desvirtuada. ¿De qué me sirve a mí, mi libertad, si los otros no me dejan ejercerla?
En la sociedad actual se está produciendo una continua y sistemática violación de los derechos del otro, de los demás (entre esos otros estoy yo).
Un sistema garante de las libertades no debe aceptar que el miedo se instale en los entresijos de su ciudadanía, en el día a día de los andalusitos de a pie (de los que trabajan, comen, duermen y pagan, porque para otras cosas no les queda ni tiempo, tampoco le queda dinero, ni ganas). Existimos una serie de ciudadanos que exigimos el derecho a pasear con nuestros hijos por las calles, a respirar aire libre de “zotalmeaos” y al descanso. En este mundo (y el mundo empieza por la conciudadanía), debemos caber todos: jóvenes y mayores, los que duermen y los que trasnochan, los que trabajan y los que están de vacaciones.
Sin embargo, en los últimos tiempos este equilibrio relacional no se cumple: las ordas invaden el asfalto y los adoquines, cabalgan a lomos de los Nike’s, Kelme’s y chancla’s, ensuciando, destruyendo y amenazando las libertades -derechos también- de los demás. Créanme, transmiten un clima de miedo e inseguridad. El otro día oía yo que un ayuntamiento andaluz iba a regular las horas trabajo en la construcción para garantizar el derecho al descanso de los turistas. ¿Alguien puede indicarme cómo se regulan las ordas de la noche/día? Al fin y al cabo los albañiles están trabajando para ganarse la vida, pero los que se divierten -no es esta la palabra- ensuciando, molestando y destruyendo a su paso, no consigo adjudicarles una razón en su proceder; al menos una razón mínimamente coherente, no ya de utilidad.
Y gran parte de esto es lo que está ocurriendo. Yo no puedo decirle a uno, que está de juerga, que no se mee en mi portal, que no rompa botellas ni grite, que necesito dormir y que mañana tengo que salir a la calle. No... Porque esa misma noche, con suerte la siguiente, me pinta la fachada, me arroja botellas a las ventanas o... ¿Soy libre en mi propio pueblo, en mi propia casa?
Como ciudadano, puedo tener recogidos y reconocidos todos los derechos habidos y por haber pero, ¿de qué me sirven si se mean y se cagan en mi puerta, si no me dejan dormir o no puedo circular por la calle?
Yo, que intento a enseñar a mis hijos a no dar golpes ni pisotones porque molestamos al vecino de abajo, tengo que explicarles que: a la una, a las dos, las tres, las cuatro, las cinco... de la madrugada, los que están en la calle tienen derecho a gritar, a cantar, a todo. Porque están de fiesta, están borrachos, no tienen respeto o yo que sé. Y siguen las explicaciones para las seis, para las siete, para las ocho, para las nueve de la mañana... La verdad, se me están acabando los argumentos (o me sobran horas, no sé).
Queda lejas ya, aquella frase que oíamos en nuestros centros educativos en los albores de la democracia: “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Yo creo que la aprendí, al menos intento tenerla presente. Ahora bien, ¿estáis seguros de que a los otros se les ha dicho lo mismo? ¿se han enterado? ¿lo han aprendido? Creo que en algo nos estamos equivocando; y no es en el concepto de democracia, si no en el ejercicio de la misma.
La transmisión de valores, normas y principios no es biológica, como puede serl la paternidad, por ejemplo; sino cultural y por tanto, deben ser enseñados y aprendidos. Quiere esto decir que a los jóvenes -y no tan jóvenes- hay que decirles lo que está bien y lo que está mal -luego cada uno hará lo que crea, en el ejercicio de su libertad, pero debe conocerlo-. No podemos dar las cosas por hechas o sabidas, hay muchas cosas, por no decir todas, que deben decirse... e intentar que se cumplan. ¿Dónde está el Orden Público, la prohibición de consumir bebidas alcohólicas en la calle, o las Normas de Ciudadanía?
Quizás estemos en unos coordenadas histórico-culturales en las sería conveniente restituir el concepto de autoridad. La existencia de autoridad, institucional, pública, no es mala, al contrario, es buena aunque solo sea como punto de referencia; de lo que se puede y de lo que no se puede, como límite a nuestra expansión caótica, aplastante, perdida e irrespetuosa respecto de los demás.
Siempre he pensado que el ejercicio de un derecho conlleva la observación y el cumplimiento de ciertas obligaciones. Yo, como cualquier ciudadano, tengo derecho a... pero de igual modo debo asumir las servidumbres que la sociedad me impone: horarios, servicios, higiene, locales, etc.
La libertad ni se vende ni se compra, pero hay otras muchas cosas que sí. Las autoridades, los padres también, vivimos preocupados porque nuestros adolescentes falten un día a clase. Pero parece no preocuparnos que, con trece-catorce o pocos años más, pasen la noche y el día consumiendo alcohol..., destruyéndose. Es la forma más subliminal y triste de empezar a perder la libertad y de paso, hacérsela perder a los demás.
Juan Gámez Cobo. Tarifa (Cádiz)

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2007/10/07/la-libertad-perdida-1/
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La Libertad Perdida

07/10/2007

La Noche Que Llega Al día; El Día Que Viene De La Noche.

No es una frase sacada de ninguna novela romántica, si no la crónica angustiosa de un día cualquiera en el estío andaluz. Del Turismo de Calidad, estamos pasando al Turismo o Noctambulismo del Miedo.
¡Viva la LIBERTAD! Pero, ¿dónde está MI libertad?
La libertad, considerada en su dimensión más física, material y social, está desvirtuada. ¿De qué me sirve a mí, mi libertad, si los otros no me dejan ejercerla?
En la sociedad actual se está produciendo una continua y sistemática violación de los derechos del otro, de los demás (entre esos otros estoy yo).
Un sistema garante de las libertades no debe aceptar que el miedo se instale en los entresijos de su ciudadanía, en el día a día de los andalusitos de a pie (de los que trabajan, comen, duermen y pagan, porque para otras cosas no les queda ni tiempo, tampoco le queda dinero, ni ganas). Existimos una serie de ciudadanos que exigimos el derecho a pasear con nuestros hijos por las calles, a respirar aire libre de “zotalmeaos” y al descanso. En este mundo (y el mundo empieza por la conciudadanía), debemos caber todos: jóvenes y mayores, los que duermen y los que trasnochan, los que trabajan y los que están de vacaciones.
Sin embargo, en los últimos tiempos este equilibrio relacional no se cumple: las ordas invaden el asfalto y los adoquines, cabalgan a lomos de los Nike’s, Kelme’s y chancla’s, ensuciando, destruyendo y amenazando las libertades -derechos también- de los demás. Créanme, transmiten un clima de miedo e inseguridad. El otro día oía yo que un ayuntamiento andaluz iba a regular las horas trabajo en la construcción para garantizar el derecho al descanso de los turistas. ¿Alguien puede indicarme cómo se regulan las ordas de la noche/día? Al fin y al cabo los albañiles están trabajando para ganarse la vida, pero los que se divierten -no es esta la palabra- ensuciando, molestando y destruyendo a su paso, no consigo adjudicarles una razón en su proceder; al menos una razón mínimamente coherente, no ya de utilidad.
Y gran parte de esto es lo que está ocurriendo. Yo no puedo decirle a uno, que está de juerga, que no se mee en mi portal, que no rompa botellas ni grite, que necesito dormir y que mañana tengo que salir a la calle. No... Porque esa misma noche, con suerte la siguiente, me pinta la fachada, me arroja botellas a las ventanas o... ¿Soy libre en mi propio pueblo, en mi propia casa?
Como ciudadano, puedo tener recogidos y reconocidos todos los derechos habidos y por haber pero, ¿de qué me sirven si se mean y se cagan en mi puerta, si no me dejan dormir o no puedo circular por la calle?
Yo, que intento a enseñar a mis hijos a no dar golpes ni pisotones porque molestamos al vecino de abajo, tengo que explicarles que: a la una, a las dos, las tres, las cuatro, las cinco... de la madrugada, los que están en la calle tienen derecho a gritar, a cantar, a todo. Porque están de fiesta, están borrachos, no tienen respeto o yo que sé. Y siguen las explicaciones para las seis, para las siete, para las ocho, para las nueve de la mañana... La verdad, se me están acabando los argumentos (o me sobran horas, no sé).
Queda lejas ya, aquella frase que oíamos en nuestros centros educativos en los albores de la democracia: “tu libertad termina donde empieza la de los demás”. Yo creo que la aprendí, al menos intento tenerla presente. Ahora bien, ¿estáis seguros de que a los otros se les ha dicho lo mismo? ¿se han enterado? ¿lo han aprendido? Creo que en algo nos estamos equivocando; y no es en el concepto de democracia, si no en el ejercicio de la misma.
La transmisión de valores, normas y principios no es biológica, como puede serl la paternidad, por ejemplo; sino cultural y por tanto, deben ser enseñados y aprendidos. Quiere esto decir que a los jóvenes -y no tan jóvenes- hay que decirles lo que está bien y lo que está mal -luego cada uno hará lo que crea, en el ejercicio de su libertad, pero debe conocerlo-. No podemos dar las cosas por hechas o sabidas, hay muchas cosas, por no decir todas, que deben decirse... e intentar que se cumplan. ¿Dónde está el Orden Público, la prohibición de consumir bebidas alcohólicas en la calle, o las Normas de Ciudadanía?
Quizás estemos en unos coordenadas histórico-culturales en las sería conveniente restituir el concepto de autoridad. La existencia de autoridad, institucional, pública, no es mala, al contrario, es buena aunque solo sea como punto de referencia; de lo que se puede y de lo que no se puede, como límite a nuestra expansión caótica, aplastante, perdida e irrespetuosa respecto de los demás.
Siempre he pensado que el ejercicio de un derecho conlleva la observación y el cumplimiento de ciertas obligaciones. Yo, como cualquier ciudadano, tengo derecho a... pero de igual modo debo asumir las servidumbres que la sociedad me impone: horarios, servicios, higiene, locales, etc.
La libertad ni se vende ni se compra, pero hay otras muchas cosas que sí. Las autoridades, los padres también, vivimos preocupados porque nuestros adolescentes falten un día a clase. Pero parece no preocuparnos que, con trece-catorce o pocos años más, pasen la noche y el día consumiendo alcohol..., destruyéndose. Es la forma más subliminal y triste de empezar a perder la libertad y de paso, hacérsela perder a los demás.
Juan Gámez Cobo. Tarifa (Cádiz)

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