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La Educación de Finifú y Finifá

La Sonrisa Robada

12/11/2008

Mientras la sociedad camina, sin saber exactamente hacia donde, los ciudadanos y ciudadanas anónimos nos debatimos entre nuestras creencias o expectativas y el futuro que se nos ofrece.

 

É

rase una vez una sociedad pensada para ser feliz. Todo parecía estar bajo control; únicamente el cambio climático y la sostenibilidad (entiéndase, los recursos naturales) parecían enturbiar el halagüeño panorama de futuro. Hasta le habíamos puesto nombre; la sociedad del bienestar, querían llamarla. En resumidas cuentas, una sociedad feliz que, lamentablemente, no lo es.

            Este comienzo no debería tener mayor importancia, pues evidentemente el estado actual de nuestra sociedad es de frustración. Pero he aquí que la frase estaba escrita desde finales de 1999; es decir, prácticamente diez años antes. Lo que ha pasado es que el autor creía que era una visión personal, pesimista y agorera, fatalista y descontextualizada y que si la decía, se iban a reír de él. Así que se quedó apuntada, como nota en la agenda de un viejo móvil, que hoy se ha puesto a cargar para recuperar algunas direcciones.

            Quizás la caída de los valores, el acomodamiento económico o el nuevo existencialismo, cultural y cibernético, sean los desencadenantes del pensamiento que guía este escrito. No lo sé. La persona tiende a conocer todo cuanto abarca y después, a controlarlo; esta tendencia natural de dominio está condenada al fracaso, por imposible. Y yo no quiero caer en el error del poder; el poder tiene un componente autodestructivo que lleva a la persona a un estado continuo de insatisfacción. Yo soy un andalusito de a pie, que trabaja y come, que intenta dormir y que intenta pagar, además de pelearse diariamente con su mujer e hijos, para reconciliarse al momento siguiente. El control y el poder absolutos son pues, imposibles y además, desaconsejables. Yo solo quiero vivir, que ya es bastante. Pero decíamos que la sociedad había perdido la sonrisa. ¿Por qué?

            En el ámbito doméstico, el trabajo, la necesidad de generar ingresos cada vez más altos, ha destruido el modelo familiar convencional. Eso no es malo ni es bueno, y aunque habría más cosas que discutir, es lo que tenemos. ¿Lo que queremos, o no?

            Las relaciones humanas y personales en la actualidad, no se fundamentan en normas (sociales o culturales, como deberían de ser), sino en apetitos; hemos cambiado el “tengo que…” por el “quiero que…”.

            Buscando la libertad, en su sentido extremo, hemos creado la mayor de las ataduras conocidas por el hombre: la droga, el tráfico de personas, los abusos mercantiles, los malos tratos, la violencia… Se nos ha olvidado que la libertad no es satisfactoria en sí, sino que sólo es válida cuando puede ejercerse. Hemos manejado un concepto abstracto de libertad que sólo sirve para perder al individuo, para desorientarlo. Llega un momento en el que el individuo, hombre o mujer, se ha perdido el respeto a sí mismo y claro: si yo no me respeto ni a mí mismo, ¿cómo voy a respetar a los demás?

            La aceptación del foráneo, del extranjero, del “otro”, no ha sido reflexiva, ni gradual, ni pactada, sino impuesta por los gobernantes y las modas culturales imperantes: mercado de consumo, medios comunicación y ong,s en su mayoría, que se han movido a base de subvenciones y por dinero, no por ideales. A nadie se le ha preguntado, lo que ha creado una contradicción flagrante en la sociedad: yo estoy obligado a ser bueno, pero nadie obliga al otro. La sociedad que hemos construido, queriendo hacerla buena, la hemos hecho hipócrita y nociva, violenta… algo así como el criador de cuervos.

            La tenencia material de objetos y bienes, algo que se ha vendido como progreso o bienestar, no rellena el vacío personal, ni la angustia de vivir… ¿Dónde está la sonrisa?

http://www.unblogparacadaciudadano.net/jugaco/2008/11/12/la-sonrisa-robada/
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